martes, 11 de julio de 2017

UN SUEÑO ANHELADO PARA BOGOTÁ, TENER METRO

Bogotá es la capital de Colombia, podría decir que es de las pocas capitales del mundo, que no tiene un sistema de transporte efectivo que mueva la cantidad de población que tiene. 

En la capital colombiana se ha mencionado al metro desde 1942 cuando el alcalde Carlos Sanz Santamaría, presentó un proyecto de lo que podría ser la primera fase del sistema

Desde entonces han pasado 75 años hasta 2017, y no se ha visto ni la primera piedra de la primera fase, dado que existen diferencias con las alcaldías de Soacha, Mosquera, Cajicá y varios municipios vecinos que manifiestan que verían su territorio maltrecho.

Mientras tanto en el 2000 bajo el primer mandato del actual alcalde Enrique Peñalosa, posesionado nuevamente en 2016, fue creado un Transmilenio que solo ha servido como pañitos de agua tibia, pues a pesar de ser un gran sistema, no ha dado la suficiente eficacia para cubrir la demanda que suponen los casi nueve millones de habitantes de la capital de Colombia.

Los alcaldes de turno quieren hacer ver a Bogotá, como que puede ser una ciudad moderna que le compita a ciudades de urbe mundial como Nueva York, pero lo que sucede es que no tienen visión hacia la expansión sino hacia los negocios personales de cada uno, como pensado que las consecuencias de sus actos, no van más allá del detrimento patrimonial.

Aunque a nivel bancario se le está otorgando el apoyo económico al proyecto, sabemos que el cáncer de la corrupción puede más, y siempre hay trampas económicas, como por ejemplo girar cheques sin fondos, lo que demuestra que solo quedan en el papel, o por ejemplo la terquedad visionaria de algunos personajes que creen que sus ideas son las más brillantes del mundo, en vez de darse cuenta que cada día se vuelven más impopulares.

No es solo culpa de Enrique Peñalosa, sino también de Gustavo Petro, Samuel Moreno y todos los mandatarios de ahí para atrás hasta el mandato de Carlos Sanz promotor del proyecto. 

En todo caso, ante las criticas por el diseño, del debate de si es conveniente hacerlo subterráneo o elevado, de las condiciones de los vecinos del proyecto, o si por ejemplo hay consecuencias medio ambientales, lo cierto es que podrán pasar cien años y no veremos la obra, por el solo hecho de la indecisión de nuestros mandatarios.




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